A falta de fotos definitivas, las imágenes a modo de teaser dejan entrever un coupé de capó largo, batalla estirada y línea de techo rápida. El conjunto mantiene un voladizo delantero corto y trasero largo, una seña de identidad del Interceptor clásico que aquí se traduce a un lenguaje más tensado y actual. Es una lectura contemporánea del “gran turismo” de dos puertas, con un porte que se sitúa entre lo musculoso y lo elegante.
Aunque la silueta no calca la del Interceptor de los sesenta, sí dialoga con su espíritu en términos de proporciones de motor delantero potente y cabina retrasada, con una trasera que promete capacidad de maletero para cumplir el capítulo “tourer”.

En este estadio temprano no hay información de firma lumínica ni de detalles de parrilla, por lo que tampoco podemos sacar mucha información de aquí. Lo relevante es que, incluso en el teaser, el modelo parece preservar el equilibrio de masas que hizo del Interceptor un icono con su morro dominante, habitáculo en posición retrasada y una trasera que sostiene la línea con aplomo.
Arquitectura y experiencia de conducción
JIA confirma un chasis de aluminio de nuevo cuño y un V8 “a medida” para asegurar una experiencia analógica e inmersiva. No hay cifras de potencia, par o 0–100 km/h, y la propia compañía admite que ampliará detalles “muy pronto”; por ahora, el foco está en la coherencia entre arquitectura ligera y la entrega, el sonido y la respuesta de un V8 bien puesto a punto.
La insistencia en lo “analógico” contrasta con una categoría cada vez más dominada por GT electrificados o con hibridación pesada. Aquí, JIA se posiciona deliberadamente en el extremo opuesto: dirección, frenos y control del conjunto que prioricen el feedback y la conexión conductor–máquina. Incluso cabría la posibilidad de que sea con cambio manual, extremo no confirmado por la marca pero coherente con esa promesa de tacto clásico. En cualquier caso, Jensen reitera que no hay coche donante, por lo que no se trata de ningún restomod o ninguna conversión al uso, se trata de un desarrollo desde cero.
El modelo se fabricará a mano en el Reino Unido y en volúmenes muy bajos, lo que debería permitir un control fino de calidad y ajuste, además de facilitar un proceso de industrialización a escala boutique.

JIA reconoce la participación de una “agencia de diseño externa, bien establecida y respetada”, fruto de una relación de larga data. No hay anuncio oficial del estudio, pero sí la mención a Carrozzeria Touring Superleggera, autora del Interceptor de 1966.
Esta externalización, habitual en proyectos de baja serie, permite concentrar recursos internos en ingeniería de chasis y puesta a punto, mientras se confía en un socio con oficio en superficies, proporciones y viabilidad para producir paneles con tolerancias propias de un artesanal moderno. Es un enfoque que ya hemos visto en otros GT de nicho, como ha ocurrido recientemente con Zagato.
Contexto y referencias
El Interceptor original (1966–1976) fue un GT británico de diseño italiano y corazón americano, célebre por sus grandes V8 Chrysler y una presencia imponente. Su estela, y los sucesivos intentos de resurrección de la marca, alimentan la fascinación que ahora capitaliza JIA. La diferencia clave esta vez es la plataforma nueva y un relato de producto que no depende de la restauración o la modernización de clásicos, terreno donde JIA se había hecho un nombre con los Interceptor R.

Cincuenta años después del cierre de Jensen Motors en 1976, el regreso se enmarca en el 60º aniversario del Interceptor (1966–2026). El mercado premium empieza a abrir huecos para coches de pasión que ofrezcan carácter y experiencias sensoriales frente a la estandarización tecnológica. Si JIA logra que su V8 a medida, su chasis de aluminio y su calibración analógica cuajen en un conjunto coherente, habrá una alternativa con acento británico donde hoy mandan la eficiencia y el silencio. Por ahora, toca esperar las especificaciones y ver el coche final.



