Molsheim nos trae la segunda pieza del Programme Solitaire, un Veyron FKP Hommage que actualiza frontal, trasera e interior y conserva su silueta eterna, proponiendo un mayor refinamiento y artesanía con nuevas ópticas, tomas de aire afinadas y un difusor más eficaz.
El trazo maestro sigue siendo la silueta en lágrima con cabina adelantada y un lomo posterior muy lleno que concentra masa sobre el eje trasero. Ese gesto define el carácter del Veyron desde su renacimiento y aquí permanece como idea faro. Sobre esa base se introducen ópticas delanteras y traseras de nueva generación con una firma lumínica más nítida que moderniza la lectura a distancia sin romper la pureza del volumen. La carrocería adopta planos de luz más limpios y radios más contenidos que elevan calidad percibida y ordenan reflejos.
Por qué FKP y por qué ahora
Las siglas FKP apuntan a Ferdinand Karl Piëch, figura clave en el impulso del Veyron moderno. El homenaje se produce veinte años después de las primeras entregas a clientes, un hito que puso fin a uno de los desarrollos más ambiciosos y complejos de la industria. Aquella aventura partió de un encargo descomunal que derivó en el W16 y obligó a resolver retos de refrigeración y fiabilidad de transmisión antes de llegar a producción. Recordarlo en 2026 no es nostalgia gratuita, es poner en valor una metodología de ingeniería que convirtió un objetivo casi imposible en un coche utilizable por conductores normales a velocidades inéditas para carretera.

Este FKP se enmarca como segunda creación del Programme Solitaire tras el Brouillard presentado el pasado agosto, una vía de piezas confeccionadas sobre bases existentes con libertad de carrocería y CMF. En paralelo, el Tourbillon inaugura la etapa técnica con V16 atmosférico y tres motores eléctricos para un total comunicado de 1800 hp, lo que sitúa a Bugatti en un doble relato de objeto de culto y futuro tecnológico que se complementan.
Bugatti declara que el Hommage utiliza el motor de 1600 hp introducido en el Chiron Super Sport, el punto más alto del desarrollo W16. En términos prácticos, eso implica turbos de mayor tamaño, intercoolers más capaces, sistemas de refrigeración mejorados y una caja de cambios reforzada para gestionar el incremento de par. Es una elección con carga simbólica porque ese linaje es el que llevó a la marca a superar la barrera de las 300 mph, cumpliendo la ambición de velocidad asociada a Piëch.
El exterior como refinamiento
Se parece mucho al Veyron original, sí, pero a la vez es coherente con la intención de homenaje y con una arquitectura que condiciona proporciones, empaquetado y gestión térmica. Cuando la base es tan sólida, el valor está en perfeccionar pequeños detalles. Bugatti detalla una evolución sutil pero significativa. La parrilla de herradura, ahora más tridimensional, está mecanizada a partir de un bloque de aluminio y fluye de forma más orgánica hacia la carrocería, en lugar del tratamiento más plano del Veyron original. La combinación cromática negro y rojo evoca el concept EB16/4 de 2003 y refuerza la conexión emocional con el origen del proyecto contemporáneo de Bugatti.

También cambia la precisión de la división de color, que se alinea con el nuevo despiece de paneles para lograr un corte visual más armónico. Las tomas frontales crecen para alimentar al motor más potente, mientras se mantienen los conductos característicos justo detrás de las cabezas, uno de esos rasgos que en Bugatti siempre mezcla firma visual y necesidad térmica. Las ruedas también actualizan el equilibrio: 20 pulgadas delante y 21 detrás con la última tecnología de neumáticos Michelin, buscando mejorar rendimiento y la presencia visual del coche en vista lateral.

Un interior nuevo con un guiño claro al origen
Si por fuera el coche es evolución contenida, por dentro Bugatti habla de una revolución casi completa frente a otros W16 recientes. Aparece un volante circular con carácter Bauhaus, muy en la línea del Veyron original, acompañado por una consola central y una cubierta del túnel mecanizadas en aluminio macizo.

También entran tejidos Car Couture desarrollados a medida y tejidos en París, un paso más allá de la era de interiores centrados solo en cuero. Y hay un detalle que resume perfectamente el espíritu de cocreación de Solitaire. En el salpicadero se integra un Audemars Piguet Royal Oak Tourbillon de 41 mm, pedido por el futuro propietario.

La pieza se asienta en una isla con acabado guilloché, una técnica inspirada en el acabado de las culatas de los ocho cilindros en línea de Ettore Bugatti. La parte más fascinante es su sistema de carga. Un mecanismo tipo góndola que gira varias veces por hora sobre un eje diagonal y se da cuerda automáticamente con el movimiento del coche sin conexión eléctrica. Es reloj, escultura y manifiesto a la vez.

Nuestra lectura de diseño
Si el objetivo es tender un puente entre pasado y presente, esta pieza cumple con precisión. Respeta la iconografía que todos reconocemos y añade la dosis justa de actualización para seguir siendo instantáneamente Bugatti. Frank Heyl, director de diseño, lo plantea como la oportunidad de construir el Veyron definitivo, con lo mejor de dos décadas de evolución técnica envuelto en una forma atemporal. En un contexto donde el recuerdo del Veyron y su impacto cultural sigue intacto, esta curaduría se siente como la respuesta más honesta. No intenta reescribir la historia, la pule. Y lo mejor es que no tendremos que juzgarlo solo por una imagen o por renders. El coche se presentará al público en Rétromobile París dentro de la zona Ultimate Supercar Garage, así que podremos verlo en persona y juzgarlo mejor.




