Las nuevas normas apuestan por coches más ligeros, de dimensiones más compactas y con un reparto de potencia prácticamente equilibrado entre combustión y electrificación. En este escenario, Ferrari ha optado por un planteamiento que prioriza la eficiencia, la limpieza formal y la flexibilidad evolutiva a lo largo de la temporada.
Una arquitectura nacida de cero
Desde el punto de vista del diseño industrial, el SF-26 abandona definitivamente la lógica del efecto suelo que ha dominado la categoría en los últimos años. El chasis adopta un enfoque distinto, con superficies más limpias y una lectura volumétrica menos agresiva, a diferencia del acabado plano y más gráfico del SF-25, en línea con el objetivo de reducir peso y mejorar la eficiencia global del conjunto. Este cambio se traduce en proporciones visualmente más ligeras y en una sensación de mayor agilidad, incluso en parado.

La integración entre chasis y unidad de potencia resulta clave en este nuevo Ferrari. El motor híbrido de nueva generación prescinde del MGU-H y refuerza de manera notable el papel del MGU-K, que alcanza los 350 kW. Esta redistribución energética condiciona la disposición de elementos, los flujos internos y, por extensión, la forma exterior del coche. El SF-26 no busca impacto visual inmediato, sino coherencia funcional, una constante histórica en los grandes proyectos de Maranello.
Mercedes W17: continuidad cromática y evolución gráfica para la nueva Fórmula 1
Color, brillo y continuidad visual
La identidad gráfica del SF-26 desempeña un papel fundamental en este cambio de era. Ferrari recupera la pintura en acabado brillante tras siete temporadas utilizando superficies mate, una decisión que devuelve al monoplaza una mayor riqueza cromática y una lectura más clásica bajo la luz. El nuevo Rosso Scuderia es más intenso y luminoso, inspirado en la decoración especial utilizada en Monza en 2025 y conectado visualmente con el rojo de finales de los años 90 y principios de los 2000.

El blanco adquiere un protagonismo renovado, concentrado en la zona del cockpit y en la cubierta del motor, buscando un equilibrio visual que refuerza la silueta del coche y subraya la transición entre tradición y modernidad. El resultado es una decoración que no pretende romper con el pasado, sino reinterpretarlo desde un lenguaje más depurado y contemporáneo.

A esta paleta se suma el uso contenido del negro técnico y del carbono visto, empleado como base funcional que ordena visualmente las superficies y enfatiza la arquitectura del monoplaza. Lejos de introducir grafismos complejos o efectos cromáticos artificiales, Ferrari opta por una lectura limpia del volumen, en la que cada color responde a una función concreta dentro del conjunto.

El diseño del SF-26 transmite así una idea clara: Ferrari entra en la nueva Fórmula 1 sin renunciar a su identidad, pero adaptándola a un contexto técnico radicalmente distinto.



