El elemento más llamativo del diseño es su planteamiento bicolor radical. El monoplaza presenta un esquema partido en dos mitades claramente diferenciadas: el lado izquierdo adopta un blanco grisáceo, mientras que el derecho se resuelve en negro.
Esta solución remite inevitablemente a precedentes como el BAR de 1999, aunque en el caso de Cadillac el enfoque resulta más depurado y conceptual. El blanco y el negro funcionan como polos opuestos que refuerzan la lectura escultórica del coche y subrayan la idea de dualidad: tradición y modernidad, lujo y competición, herencia americana (escudería) y rigor técnico europeo (motor Ferrari).

Cada lado del coche se lee como un bloque sólido, lo que acentúa la silueta y hace que el monoplaza sea reconocible incluso en planos laterales o en movimiento.

Identidad americana sin caer en el cliché
Más allá del color, la livery busca transmitir una identidad inequívocamente estadounidense sin recurrir a iconografía obvia. No hay estrellas, franjas ni referencias directas a la bandera, sino una interpretación más abstracta del lujo y la sobriedad asociados históricamente a Cadillac. El uso del blanco y el negro conecta con la tradición de la marca en el diseño industrial y automovilístico, donde estos tonos han sido recurrentes como símbolo de elegancia y presencia.
El anuncio de presentación ha reforzado esta lectura al apoyarse en un discurso histórico muy concreto: la voz de John F. Kennedy y su célebre discurso de 1962 sobre la carrera espacial. De este modo, Cadillac se asocia a la idea de ambición tecnológica y desafío colectivo, trasladando ese espíritu al contexto de la Fórmula 1 sin necesidad de explicitarlo en la propia decoración.
En contraste con otras escuderías debutantes, la livery de Cadillac presenta una presencia de patrocinadores relativamente contenida. Los logotipos de TWG Motorsports, propietario del equipo, y de socios como IFS, Jim Beam o Claro se integran de forma discreta en la carrocería, respetando el equilibrio visual del conjunto.

En un campeonato cada vez más saturado de marcas, Cadillac apuesta por dejar espacio al diseño y a la forma del coche, al menos en esta primera etapa. La decoración prioriza la construcción de una identidad propia antes que la maximización del impacto comercial inmediato, una estrategia que recuerda a otros proyectos fundacionales de la Fórmula 1.




