El proyecto empezó como una especie de restomod digital. Berrisford modeló el TVR Tasmin original en Alias y comenzó a probar cambios relativamente contenidos, como splitters y pequeños alerones. Pero el proyecto cambió de escala cuando decidió cortar el techo por completo.
El coche deja de ser una actualización del Tasmin y pasa a ser una reinterpretación mucho más radical de su idea central. El objetivo pasó de modernizar la silueta a reforzar la sensación de ir literalmente dentro de la cuña.

Ahí está una de las claves del proyecto. El propio autor recuerda el Tasmin original como un coche bajo, ruidoso y que imponía cierto respeto. Esta propuesta recoge justo esa sensación y la exagera, con una carrocería todavía más baja, más abierta y más expuesta.
Proporciones muy claras y lenguaje directo
Lo mejor resuelto del proyecto está en sus proporciones. La silueta es muy horizontal, muy comprimida y con una lectura clara de punta a cola. El frontal queda pegado al suelo, la cabina desaparece casi por completo y el volumen general se lee como una sola pieza afilada.
La carrocería superior, en un verde oscuro metalizado, contrasta con una base negra mucho más técnica. Esa separación ayuda a entender el coche en dos niveles: arriba, la forma pura; abajo, la estructura, la mecánica y los elementos funcionales.

El chasis como protagonista
Si hay una parte del proyecto que explica su enfoque, esa es el chasis. Berrisford deja claro que buena parte de la inspiración llegó precisamente de haber visto restaurar el coche familiar durante años. Por eso aquí la estructura no queda escondida ni tratada como algo secundario.

El chasis se convierte en el corazón del proyecto y en una parte fundamental de su identidad visual. La carrocería se entiende casi como una cubierta colocada sobre una arquitectura muy visible.
Eso le da bastante coherencia al conjunto. El TVR transmite construcción, ligereza, crudeza y cierta lógica de máquina ensamblada en torno a lo esencial.

Un frontal muy bajo y una gráfica con intención
El frontal resume bastante bien todo el lenguaje del coche. Es bajo, ancho en percepción y muy limpio en su composición. La firma lumínica horizontal recorre el ancho del volumen delantero y refuerza visualmente la cuña, mientras que los módulos ópticos inferiores introducen una capa más técnica y agresiva.

Las ruedas, con un diseño muy gráfico y casi de disco, también ayudan mucho a fijar la imagen. Contrastan con la carrocería oscura y le dan al conjunto una presencia muy concreta, entre retro y futurista.
Un proyecto personal que sabe lo que quiere ser
Esta reinterpretación del TVR Tasmin tiene una idea clara desde el principio: tomar la base emocional y formal del Tasmin familiar y empujarla hacia una versión más extrema, más abierta y más centrada en la estructura.

Además, Pablo Diaz Martinez ha ayudado en refinar algunas de las proporciones del concepto, manteniendo una dirección bastante consistente desde la forma general hasta la presentación gráfica.

El resultado funciona precisamente por eso. No intenta resolverlo todo ni convertirse en un concept excesivamente complejo. Se concentra en pocas ideas bien elegidas, como la cuña, el chasis, exposición y crudeza, y las lleva hasta el final.
Si tienes un proyecto acabado entre manos, ya sea con renders finales, sketches desarrollados o una presentación de proceso, nos encantaría verlo y poder compartirlo. Escríbenos a redaccion@cardesign.es



