Vehículo conceptual oculto
Tras casi treinta años de trayectoria y después de firmar algunos de los Mercedes-Benz más relevantes de la era moderna además de concept cars que sorprendieron a la industria, Gorden Wagener abandonó la compañía el pasado 31 de enero. Antes de su salida, el diseñador quiso compartir un llamativo concept de inspiración retro como un tributo a los orígenes de Mercedes-AMG, la actual división deportiva de la marca. Se trata de un proyecto que él mismo desarrolló y que nunca llegó a presentarse oficialmente, por lo que ha sido el propio Wagener quien se ha encargado de sacarlo finalmente a la luz.
Es razonable pensar que este concept fue concebido con motivo del 50º aniversario de la victoria en las 24 Horas de Spa-Francorchamps , celebrado en 2021, en plena ofensiva electrificada de la marca, volcada entonces en la familia EQ y especialmente en su buque insignia, el Mercedes-Benz EQS. Se trataría, por tanto, de un prototipo que quedó en segundo plano y que ahora ha salido a la luz, aunque ya aparecía recogido en el libro Iconic Design: The Brand’s Design Manifesto, firmado por Gorden Wagener junto a Thomas Ammann y Marc-Stefan Andres.
Esta reinterpretación restomod de corte futurista lleva la firma de Gorden Wagener, quien recientemente dejó su cargo al frente del diseño en Mercedes-Benz. El concept se muestra por primera vez en el libro Iconic Design: The Brand’s Design Manifesto y adopta rasgos característicos de las últimas creaciones del diseñador, como la imponente parrilla de aire retro vista en el Mercedes Vision Iconic. Además, suma guiños propios, como los aros luminosos que evocan los faros auxiliares del “Red Pig” de competición y un conjunto de cuatro estrellas iluminadas en el frontal, inspiradas en el actual Mercedes-Benz Clase S.
Homenaje al primer AMG
El vehículo que sirve de referencia a este concept recibe el apodo de “Red Pig”, cerdo rojo, y remite al Mercedes-Benz 300 SEL 6.8 “Rote Sau” de 1971, desarrollado sobre la base del W109. El modelo de partida resultaba excesivo en dimensiones, en peso y en casi cualquier parámetro imaginable; incluso sobraban puertas para un planteamiento puramente deportivo. Aun así, los fundadores de AMG, Hans Werner Aufrecht y Erhard Melcher, afincados en Grossaspach, origen de las siglas AMG, decidieron convertirlo en un auténtico turismo de competición, el primero que llevaría el sello de la firma, tomando como base el Mercedes-Benz 300 SEL 6.3.
Aquel sedán de competición de hace más de cincuenta años firmó una memorable segunda posición absoluta, además de imponerse en su categoría, en las 24 Horas de Spa-Francorchamps, pilotado por Hans Heyer y Clemens Schickentanz. Sin embargo, el “Cerdo Rojo” no tuvo un destino sencillo. Apenas unas semanas después, en julio de 1971, el coche pilotado por Helmut Kelleners se salió de la pista y acabó contra las barreras. El piloto regresó caminando a boxes y no volvió a competir para AMG.
El vehículo fue reparado y participó posteriormente en las 24 Horas de Nürburgring, antes de ser vendido a la compañía francesa Matra. Allí se empleó en ensayos militares, sirviendo como banco de pruebas para el desarrollo de neumáticos y trenes de aterrizaje destinados a aeronaves. A comienzos de los años noventa se perdió su rastro y todo apunta a que terminó siendo desguazado. Tiempo después, Mercedes-Benz logró recuperar los planos originales y, ya a mediados de la década de 2000, construyó una réplica fiel del mítico modelo.
Rediseño actual del icónico “Red Pig”
En términos estéticos, conserva las proporciones, el aire clásico de los faros, el trazado de la parrilla y la silueta general del 300 SEL de AMG, incluido el dorsal 35 y los logotipos empleados en competición. Eso sí, el frontal cromado adopta un tratamiento superficial similar al que actualmente presenta la variante eléctrica del Mercedes-Benz GLC, recientemente incorporada al mercado.
El reinterpretado “Red Pig” incorpora faros LED con firma luminosa en forma de estrella, en línea con el grafismo que ya lucen los pilotos de los nuevos Mercedes-Benz Clase S y Mercedes-Benz CLA. Los aros LED parecen ocupar el lugar que antaño tenían los focos auxiliares de competición. La decoración recupera el espíritu del AMG original, mientras que las llantas de cinco radios evocan directamente el diseño que montaba el modelo de 1971. Más allá de la marcada curvatura del techo, lo que realmente sorprende es la presencia del emblema de la estrella de tres puntas en sustitución de los cuatro focos amarillos que lucía el “Red Pig” original, así como los cuatro círculos blancos que reemplazan la tradicional parrilla con faros adicionales.
En la zaga se aprecia un maletero generoso y una silueta claramente de tres volúmenes, con líneas más suaves y redondeadas que en el 300 SEL de competición. También incorpora guiños contemporáneos, como un pronunciado labio delantero en acabado negro y unas imponentes llantas de cinco radios, ahora en un tono más oscuro que las del modelo de 1971. Se han mantenido, eso sí, los ensanches de la carrocería y la suspensión rebajada respecto al vehículo de serie, fiel al carácter radical del original.




