Proporciones intactas, detalle actualizado
Lola ha sido bastante explícita en su planteamiento. No quería reinterpretar el T70, sino perfeccionar lo que en su día estaba limitado por los medios de fabricación. Por eso el coche mantiene la lectura visual que lo hizo famoso, un morro bajo, cabina compacta, cola larga y tensión constante entre ligereza y brutalidad mecánica, pero revisando tolerancias, integración de componentes nuevos y con calidad de ejecución sublime.

Además, Lola limita la serie a 16 unidades y la divide en dos variantes. El T70S de competición llega con Historic Technical Passport de la FIA, motor 5.0 V8 Chevrolet de 530 bhp, 0 a 100 km/h en 2,5 segundos y velocidad punta de 327 km/h; el T70S GT, matriculable únicamente en Reino Unido, monta un 6.2 V8 de 500 bhp, con ajustes de ergonomía, climatización y cierta usabilidad extra para carretera.
Materiales: la gran novedad que no se ve a simple vista
La auténtica ruptura del Lola no está en la silueta, sino en los materiales utilizados. El programa estrena el Lola Natural Composite System (LNCS), una carrocería definida por la marca como el primer sistema 100% natural y libre de petroquímicos en este contexto, combinando fibras vegetales y de basalto con una resina renovable derivada de residuos de caña de azúcar. Según Lola, este material mejora rigidez y resistencia frente a compuestos tradicionales y reduce de forma notable el impacto ambiental del coche.

El T70S no intenta ser futurista por la vía habitual de la electrificación o la pantalla, sino por otra mucho más sutil: demostrar que un coche de herencia analógica puede seguir siendo relevante si actualiza su materialidad y su proceso industrial.




