La reorganización, presentada a los sindicatos y prevista para completarse antes del 1 de julio, responde a una necesidad clara de simplificación. Ampere nació a finales de 2023 como una entidad separada, concebida para acelerar el desarrollo de vehículos eléctricos, atraer inversores externos y protagonizar una salida a bolsa que llegó a valorarse en hasta 10.000 millones de euros.
Sin embargo, el enfriamiento de la demanda de eléctricos, junto con el pobre desempeño bursátil de otras compañías del sector, llevó a cancelar la operación en 2024. Desde ese momento, la existencia de una estructura autónoma perdió sentido estratégico.
Más allá del ámbito financiero, Renault opta ahora por concentrar de nuevo bajo un mismo paraguas los procesos de ingeniería, software, producción y definición de producto, recuperando una lógica más clásica de fabricante integrado. En este esquema, Ampere deja de ser una marca o entidad diferenciada para convertirse en el centro avanzado de ingeniería eléctrica y digital del grupo.
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Ampere como catalizador del diseño eléctrico
Pese a su corta vida como entidad independiente, Ampere desempeñó un papel clave en la transformación reciente de Renault. Su enfoque tecnológico permitió reducir plazos de desarrollo y dar forma a productos con una identidad clara, como el Renault 5 E-Tech o el Scenic eléctrico, modelos que han reforzado el discurso de diseño y coherencia formal de la marca en la era eléctrica. La aceleración de los procesos también facilitó alianzas estratégicas con empresas tecnológicas como Qualcomm o Google, fundamentales para la integración de software y servicios conectados.
La reintegración no implica el abandono de estos avances. Al contrario, Renault ha subrayado que mantendrá intactos los proyectos en curso y el empleo de los cerca de 11.000 trabajadores vinculados a Ampere. Las plantas del polo industrial ElectriCity, en Douai y Maubeuge (ambas en Francia), donde se fabrican modelos clave como el R5 o el Scénic, volverán a depender directamente del grupo, reforzando la continuidad entre diseño, ingeniería y producción.
Este movimiento apunta también a una mayor coherencia global. La separación administrativa había introducido capas de complejidad que, según el propio grupo, consumían tiempo y recursos. La vuelta a una estructura unificada facilita decisiones más rápidas y una lectura más clara del lenguaje formal y tecnológico de Renault, especialmente en un momento en el que la electrificación ya no se concibe como un nicho, sino como parte integral de la gama.
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Estrategia flexible en un mercado cambiante
La decisión de Renault no es un caso aislado. Otros grandes fabricantes europeos, como Stellantis o Volkswagen, han revisado sus estrategias eléctricas ante una demanda irregular y la creciente presión de los fabricantes chinos en el mercado europeo.
En este escenario, la flexibilidad se ha convertido en un valor estratégico. Renault ha optado por reforzar su enfoque de doble vía, combinando eléctricos puros con una gama híbrida sólida que le permita cumplir objetivos regulatorios sin perder volumen comercial.
Los resultados recientes avalan esta aproximación. En 2025, las ventas de eléctricos de Renault en Europa crecieron más de un 70%, hasta alcanzar cerca de 152.000 unidades, impulsadas en gran medida por el éxito del R5 E-Tech en el canal particular. Los vehículos eléctricos ya representan más del 20% de las ventas de turismos de la marca, un dato significativo en un contexto de transición.
La reintegración de Ampere también se acompaña de una expansión geográfica y funcional. Renault ha reforzado su presencia fuera de Europa, con un nuevo centro de I+D en Shanghái que ha participado en el desarrollo del futuro Twingo eléctrico, y ha diversificado su actividad hacia ámbitos como la producción de drones para el ejército francés.
Además, la estrategia de compartir plataformas y diseños con otros fabricantes, como Nissan, Mitsubishi o incluso Ford, refuerza la idea de un ecosistema industrial más abierto y eficiente.



