El punto de partida es el Lola T160, uno de los prototipos más salvajes de finales de los sesenta, aunque el proyecto no cae en la réplica ni en la cita literal. En su lugar, el proyecto realizado por el diseñador sur-coreano John Jungtaek Cho, graduado del IED Torino, recoge aquello que realmente definía a aquel coche: la baja altura, la tensión de sus volúmenes, la crudeza mecánica y esa capacidad de parecer lanzado hacia delante incluso cuando está quieto. El Vision T recoge esa herencia y la traduce a un registro más contemporáneo, más limpio y más gráfico.

Una cuña moderna con raíces muy claras
Lo primero que define al LOLA Vision T es su proporción de cuña. El frontal queda muy próximo al suelo, la cabina se comprime al máximo y la masa visual se concentra en la parte trasera. Esa arquitectura genera una postura muy efectiva, casi depredadora, que conecta bien con la brutalidad visual de los Can-Am históricos.

Las superficies son más tensas, los cortes más precisos y el volumen general está tratado con una claridad mucho más actual. Donde muchos ejercicios de homenaje tienden a acumular guiños al pasado, aquí la referencia se construye desde la estructura del coche. Los pasos de rueda delanteros son muy protagonistas. Cuenta con un lateral muy limpio, sin demasiados cortes.
Las llantas son uno de los grandes detalles del proyecto. Tienen un diseño de disco parcial, muy limpio, con lectura aerodinámica, pero resuelto con grandes vaciados circulares o trilobulados que dejan ver el interior. El acabado en plata estilo cromada, contrasta mucho con la carrocería oscura aportando un aire retrofuturista.
La relación entre las ruedas, los pasos de rueda y la cabina. Todo parece apretado alrededor de la mecánica, como si la carrocería fuera una piel estirada al máximo. Esa sensación de máquina compacta y violenta es muy Lola, y probablemente sea lo mejor resuelto del proyecto.

Aerodinámica como parte del carácter
En el Vision T, la aerodinámica es la base de la identidad visual. El frontal está trabajado desde la compresión y la cercanía al asfalto, mientras que la zaga ensancha la presencia del coche y refuerza la idea de estabilidad a alta velocidad. Cuenta con un alerón integrado que prolonga el volumen trasero, equilibrando visualmente el coche y subrayando su lectura de prototipo de competición. Los pilotos en forma de aro abierto, casi como una “C” vertical en los extremos, ayudan mucho a esa percepción, porque enmarcan toda la trasera y le dan una firma luminosa muy reconocible. El prototipo comunica al instante velocidad, carga y tensión.

Esa sensación se refuerza además en la zona central y en la parte baja de la zaga, donde el lenguaje se vuelve más técnico y más mecánico. Las salidas de escape elevadas, la superficie oscura perforada y el difusor profundo introducen una crudeza muy propia de los coches de circuito, alejándolo de cualquier lectura puramente estética. Todo parece pensado para transmitir apoyo, flujo de aire y rendimiento. La función aerodinámica como parte esencial de su carácter visual.
Además, la referencia al Lola T160 tiene sentido porque aquel modelo ya respondía a una lógica muy parecida. Era un coche hecho para correr en una época donde el reglamento permitía soluciones extremas y donde la forma estaba íntimamente ligada al rendimiento. El Vision T recoge esa filosofía y la proyecta hacia delante con bastante coherencia.

El LOLA Vision T funciona porque sabe exactamente qué quiere ser: una visión futura construida sobre una memoria muy concreta del automovilismo de competición. Se trata del segundo proyecto que publicamos a través de nuestra convocatoria abierta. Si tienes un proyecto acabado entre manos, ya sea con renders finales con sketches desarrollados o una presentación de proceso, nos encantaría verlo y poder compartirlo. Escríbenos a redaccion@cardesign.es



