Škoda enseñó el 23 de junio el Peaq, su nuevo buque insignia y el primer coche de la marca en el segmento de los grandes SUV eléctricos. Es un eléctrico de siete plazas de 4,87 metros, el Škoda más largo de la era moderna, y llega para colocar el lenguaje Modern Solid en lo más alto de la gama. Lo que merece la pena mirar no es la cifra de plazas ni la autonomía (ambas muy altas), sino cómo la marca traduce ese estilo a un coche grande y dónde decide poner los mandos físicos que casi todo el sector había mandado a la pantalla.
El Peaq parte del concept Vision 7S y de la plataforma MEB del Grupo Volkswagen, la misma de los ID, el Cupra Tavascan o el Audi Q4. Sobre esa base, Škoda estira la distancia entre ejes hasta los 2.965 milímetros, 174 más que un Kodiaq, para sacar tres filas de asientos de verdad.
El frontal como firma: el motivo en bucle
La cara es lo primero que define el Modern Solid en su versión definitiva. Los faros finos en T se unen al Tech-Deck Face en negro brillante mediante un elemento horizontal, y el conjunto dibuja un bucle cerrado que enmarca todo el frontal. Atrás se repite el mismo gesto con los pilotos en T, de modo que el coche se reconoce igual de frente que por detrás. Es una firma luminosa pensada para leerse a distancia, y resuelve el problema de dar identidad a un volumen tan grande sin recurrir a una parrilla tradicional que ya no hace falta.

De perfil manda la línea de hombro alta y unos pilares C y D anchos que apoyan la sensación de robustez. Las manetas van enrasadas y escamoteables, los pasos de rueda quedan marcados y el frontal incorpora unas lamas verticales con retroiluminación LED. Es un SUV que no disimula su tamaño; al contrario, lo usa como argumento formal. Habrá diez colores de carrocería y llantas de 19 a 21 pulgadas.
Dentro: la pantalla vertical y los botones que vuelven
El interior es donde el Peaq cuenta su verdadera novedad de diseño. Škoda estrena aquí su primera pantalla vertical, un panel Android de 13,6 pulgadas exento, acompañado de un cuadro digital de 10 y, sobre todo, de mandos físicos para clima y volumen. Después de años empujándolo todo al táctil, el regreso de controles tangibles es una decisión de uso tanto como de estilo, y encaja con el ambiente de salón que la marca persigue en este coche.

El resto del habitáculo va en esa misma línea de confort: techo panorámico electrocromático, el mayor que ha montado Škoda, asientos con masaje y reposapiernas, mesa plegable y bases magnéticas para el móvil. Hay dos diseños de volante y cinco combinaciones de interior. Aparecen además detalles que la marca usa por primera vez, como las manetas escamoteables, una nueva llave digital o las escobillas con lavado integrado.

Qué dice el Peaq sobre la marca
Visto en conjunto, el Peaq es la prueba de que el Modern Solid funciona también en formato grande, sin volverse pesado ni recargado. El bucle de luces le da una identidad clara y la geometría limpia evita el barroquismo que suele acompañar a los buques insignia. La decisión de recuperar botones físicos lo separa de buena parte de la competencia eléctrica y lo acerca al esencialismo de interior del que venimos hablando desde hace años.

Llegará en versiones Peaq 60, 90 y 90X, con hasta 600 kilómetros de autonomía en la variante más capaz y producción en Mladá Boleslav a partir de finales de año. La gama y las cifras situarán al coche en su mercado, pero la noticia para nosotros es el salto de la marca al segmento grande con un diseño que, por fin, parece pensado para durar.



