Después de una presentación como la del nuevo Ferrari Luce, tan fría en su planteamiento como discutible en su lenguaje, Brado aparece como un soplo de aire fresco. No solo porque apueste por la emoción sin pedir permiso, sino porque recupera algo que el automóvil llevaba tiempo perdiendo: sentido lúdico, personalidad y ganas de salir del molde.
Un proyecto con apellido
Brado nace en Parma, dentro de la Motor Valley, buscando una necesidad real en el mercado. Detrás están Matias Mussetta, con un perfil técnico forjado en Scuderia Toro Rosso, Lamborghini, Dallara y el desarrollo del Ferrari 499P ganador en Le Mans, y Andrea Mazzuca, un nombre ligado al lujo italiano, la comunicación internacional y el mundo de las grandes fortunas.

Mussetta aporta la obsesión por la materia, la estructura y la pureza mecánica; Mazzuca, la lectura estratégica y la conexión con un público que ya no busca solo un coche, sino un objeto de escape con valor emocional. Brado, en ese sentido, no se presenta como un fabricante convencional, sino como una nueva manufactura independiente con vocación de series limitadas.
Se trata de una mezcla de herencia racing y lujo leisure, una fórmula que suena bien porque, en este caso, tiene traducción formal. Brado pretende construir vehículos a medida, con materiales nobles y una actitud menos solemne que la del superdeportivo tradicional. Su idea no es impresionar por acumulación de tecnología, sino por cómo se siente el coche al vivirlo.
El público al que apunta son coleccionistas y clientes que valoran la exclusividad, la artesanía y una conducción sin filtros, personas que no quieren un producto domesticado por la electrónica ni por la lógica del mercado masivo. No es un coche para quien busca eficiencia, o tecnología, sino para quien busca carácter.

Carbon Buggy
Su primer modelo, el Carbon Buggy es, básicamente, un buggy reinterpretado con materiales honestos y una construcción seria. Tiene monocasco íntegro de fibra de carbono, detalles en titanio, carrocería vista y una estética que intenta quitar peso visual.

La reinterpretación corre a cargo de Juan Manuel Díaz, diseñador argentino encargado de diseñar piezas como el Alfa Romeo 8C Competizione, el MiTo, el Audi R8 Spyder y el RSQ e-tron Dakar, y aquí su trabajo consiste en quitar antes que añadir. «Rediseñar un icono de la agilidad como el buggy fue un reto de simplificación», comenta Díaz.
El resultado es un buggy de líneas limpias, estructura expuesta y un monocasco de fibra de carbono que convierte la arquitectura en lenguaje visual. Hay superficies tensas, volúmenes ligeros y una presencia que mezcla ocio, diseño y un punto de insolencia muy italiano.
La parte mecánica
Brado propone un coche analógico de verdad. El Carbon Buggy monta de serie un bóxer 1.8 de 85 CV, con una variante 2.0 de 110 CV, carburación doble, caja manual y cero ayudas electrónicas.

La marca habla de diálogo directo entre hombre, máquina y carretera, ya que su foco es olvidarse de la tecnología punta y centrarse en una experiencia 100% analógica y real con el propio vehículo. Cuenta con frenos de disco, suspensión regulable aceite/gas y dos configuraciones de neumáticos, una más off-road y otra más orientada a carretera.
Un lujo más libre
Uno de los puntos más interesantes de Brado es que entiende el lujo desde la personalización. El Carbon Buggy puede configurarse con distintas pieles, tejidos marinos, colores para el carbono y configuraciones de dos o cuatro plazas, es decir, un coche de ocio a medida.

Aquí el cliente no compra simplemente un producto terminado, sino que participa en su definición. Es una manera de devolverle al automóvil algo que la industria a menudo olvida, la capacidad de ser también una pieza íntima, casi una extensión del propietario.
Frente a un panorama donde varias marcas parecen empeñadas en tratar el coche como si fuera un dispositivo más, Brado recuerda que un automóvil todavía puede ser una experiencia física, emocional y hasta un poco irreverente. Brado trata de ofrecer una alternativa más humana, más ligera y más divertida al panorama actual internacional.



