El proyecto no busca reproducir el Testarossa, sino trabajar con su memoria visual. Pavento recoge algunas de sus claves, como la anchura, la horizontalidad, la presencia lateral y la lectura de cuña, y las traslada a un objeto más sintético, más conceptual y más cercano al retro-futurismo.

En ese planteamiento, la elección de la llanta tenía bastante peso. El diseñador terminó incorporando las Prototipo de Llagos Design, una llanta forjada de cinco brazos inspirada en los Sports Prototipos de Maranello de finales de los años sesenta.
Una carrocería construida desde la sustracción
La carrocería del TESTaZERO se entiende a simple vista. El volumen principal es bajo y muy pegado al suelo, con una presencia en planta que refuerza la sensación de anchura. No hay acumulación de gestos ni superficies que compitan entre sí. Al contrario, la dirección del proyecto parece ser eliminar elementos hasta quedarse con los imprescindibles.

El lateral concentra buena parte de la intención del diseño. Las icónicas lamas del Testarossa no desaparecen, pero tampoco se reproducen literalmente. En el TESTaZERO se reinterpretan como un patrón geométrico integrado en una superficie limpia, lo suficientemente reconocible como para conectar con el original y lo suficientemente abstracto como para no depender de él. Es una decisión que resume bien el espíritu del proyecto: la referencia está, pero filtrada.
El conjunto transmite la idea de un coche construido alrededor de muy pocas decisiones formales: cuerpo bajo, volumen ancho, laterales tensos y una silueta que trabaja desde la masa. Nada parece añadido. Todo parece resultado de quitar.

La llanta como pieza del sistema
En un concept tan reducido, cada elemento tiene más peso del habitual. La elección de las llantas no es un detalle secundario sino parte de la lectura general del coche. Para el TESTaZERO se han incorporado las llantas Prototipo de Llagos Design, una llanta forjada de cinco brazos cuyo diseño remite a las ruedas de los Sport Prototipos de Maranello de finales de los años sesenta. “Simplemente sentí que eran las correctas. Eran perfectas.”, comentaba Antonio Pavento.

La Prototipo utiliza una estrella de cinco brazos con un centro de gran presencia y superficies de considerable profundidad. Su referencia histórica es clara, pero el tratamiento es contemporáneo: las formas son más limpias, más escultóricas, más alejadas de cualquier voluntad de reproducción literal. La misma lógica, en definitiva, que gobierna la carrocería del concept.
Sobre el TESTaZERO, esa geometría encaja con naturalidad. Los radios tienen una presencia gráfica que dialoga con la contundencia formal del coche, y la profundidad de la llanta acompaña visualmente la anchura de la carrocería. No se plantea como un añadido decorativo sino como una pieza más dentro de un sistema visual coherente.
Retro-futurismo desde pocas decisiones
Lo más interesante del TESTaZERO puede ser precisamente eso: que no apela a la nostalgia de forma evidente. Ni la carrocería necesita acumular detalles para comunicar su origen, ni la llanta necesita parecer antigua para conectar con esa misma herencia. Ambas piezas trabajan desde una referencia histórica reconocible, pero la llevan a otro territorio mediante la simplificación y la geometría.
El proyecto se concentra en una idea concreta y la desarrolla con bastante claridad. Tomar una identidad conocida, reducirla a lo esencial y construir desde ahí una imagen nueva. En ese contexto, la coherencia entre el concept y las llantas no es un accidente sino la consecuencia lógica de dos proyectos que comparten la misma manera de entender el diseño: proporción, síntesis y memoria visual como punto de partida.
Si tienes un proyecto acabado entre manos, ya sea con renders finales, sketches desarrollados o una presentación de proceso, nos encantaría verlo y poder compartirlo. Escríbenos a [email protected]





2 respuestas
Esteticamente cuestionable, pero mas allá de que parezca un coche de lego a medio montar, muy ineficiente para su uso práctico, el usuario que conduzca este vehículo ya puede ponerse el casco no solo porque carezca de parabrisas y el viento le golpee constantmente, sino porque la falta de capota le hará temer por su vida y ya no hablamos si el coche volcase.
El Ferrari TESTaZERO, como su propio nombre indica, parte de una premisa deliberada: la eliminación de cualquier elemento que intermedie entre el conductor y la experiencia sensorial del movimiento. La ausencia de parabrisas y capota no es un descuido, sino una decisión expresiva que busca evocar el espíritu de los automóviles de competición de principios del siglo XX, así como ciertos conceptos de minimalismo estructural en el diseño industrial.
Desde la teoría del diseño, esta pieza se inscribe en la tradición de los ‘concept cars’, cuya función primaria no es la comercialización, sino la exploración de formas, sensaciones y narrativas. La exposición al viento, el ruido y la vulnerabilidad estructural no se consideran defectos, sino atributos que refuerzan el discurso de la máquina como extensión del cuerpo, sin concesiones a la comodidad o la seguridad pasiva moderna.
En resumen: su valor no reside en su eficiencia, sino en su coherencia conceptual. Es, ante todo, una declaración de intenciones, no una herramienta de transporte cotidiano.”